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sábado, 13 de septiembre de 2014

El Calibán y la Bruja


"Durante algo más de dos siglos, en todos los países europeos y buena parte de sus colonias, decenas de miles de mujeres fueron arrestadas, torturadas y quemadas vivas. Se las acusaba de crímenes tan extraños como los de vender su alma al Demonio, secuestrar niños para hacer ungüentos con su sangre o levantar tormentas. Muchos clérigos y juristas dedicaron su vida entera a perseguir brujas, escribiendo manuales para detectarlas y movilizando una poderosa maquinaria armada para exterminarlas, con la aquiescencia, si no entusiasmo, de buena parte de la población. Sólo se sabe de un caso en el que una comunidad evitara el juicio de unas brujas (y fueron, por cierto, unos marineros vascos en Labourd). Y todo esto pasó en los albores de la conciencia moderna, entre mediados del siglo XV y finales del XVII: mientras florecía el Renacimiento y estallaba la Reforma, nacía el racionalismo filosófico y se fundaba el método científico. 
Silvia Federici ha sabido detectar el enorme interrogante que se esconde detrás de esta serie de persecuciones y lo ha contestado de un modo original y convincente. Llama la atención sobre el hecho de que la caza de brujas fue contemporánea de los llamados "cercamientos", el proceso por el cual las tierras comunales del campesinado europeo se expropiaron. Ya Marx ponía este proceso en el origen del capitalismo, porque fue necesario para que se produjera una acumulación inédita de capital (los réditos privatizados de las cosechas) y fuerza de trabajo (los campesinos privados de su medio de subsistencia que tuvieron que emigrar a la ciudad). Lo que falta en esa explicación ya clásica es que la "transición al capitalismo" (por usar un eufemismo) no fue igual para hombres y mujeres: los primeros fueron convertidos en trabajadores asalariados, pero las segundas fueron recluidas en el espacio doméstico y condenadas a un trabajo no pagado y no visible. 
Para que esto fuera aceptado por las mujeres, dice Federici, fue necesaria una campaña de terror que criminalizara la adopción por parte de la mujer de cualquier rol diferente al de decente ama de casa. Esto incluía, por un lado, un control social mucho más severo de la sexualidad femenina y de los métodos anticonceptivos y, por otro lado, cerrar cualquier vía al desempeño profesionales de las mujeres fuera del espacio doméstico. La bruja se convirtió en la diana ideal: se trataba a menudo de profesionales (herbolarias, comadronas y curanderas), que practicaban abortos o producían medios anticonceptivos naturales. Sus perseguidores las mostraban, además, como dedicadas a una vida de orgías continuas. Castigando una lujuria ficticia lograban una castidad real.  

Federici, en fin, se abre camino en un terreno pantanoso que ha sido usualmente desdeñado por los historiadores, y logra dar plausibilidad a su interpretación. No sólo hace que nos replanteemos la orgullosa autoconciencia histórica europea, sino que muestra cómo dinámicas muy similares siguen produciéndose en países emprobrecidos, donde las políticas neoliberales están acabando con los últimos bienes comunales. A la vista de sus aportaciones, la idea de que el capitalismo se asienta sobre la incruenta expansión de una ética del trabajo, y nada más, pierde toda credibilidad."

Páginas: 376PVP: 25






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